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Cómo convertir a Ramos Allup en candidato presidencial

24/01/2016

Henry-Ramos-Allup

Probablemente, Henry Ramos Allup es el político más representativo de la Cuarta República. Desde el tono de voz y la entonación, referentes inmediatos a la saga adeca de Rómulo Betancourt hasta su discurso elitista y neoliberal, en cada palabra que se escapa de su retórica encontramos una concepción del mundo profundamente burguesa, discriminatoria y elitista. Su habilidad para permanecer en la esfera política se basa en una ambivalencia “dentro” de la esfera democrática cuando las estrategias golpistas fallan, y una figuración en los medios de comunicación cuando el contexto es propicio, resultado de la dinámica social.

Dice Mangieri, en su texto Telepolítica Online que el poder es “una de las modalidades energéticas y sociales de la organización humana (…) traza reglas de racionalidad y también puede desbordarse fuera del itinerario de las modalidades del hacer ser“. Bastó que el pueblo venezolano, por diversas razones y motivos que abordaremos en otro ensayo decidiera darle la mayoría parlamentaria a los diversos partidos que conforman el bloque contrarevolucionario para que Allup “surgiera” en la palestra pública. Y esa aparición es concertada con los medios de comunicación; no ahondaremos aquí sobre la diatriba entre política y medios de comunicación. Hoy por hoy, la política se hace por los medios de comunicación, en una relación dialéctica que privilegia la “eficacia comunicacional” que surge del sujeto del discurso sociopolítico en la trama mediática de la información y la comunicación.  Los tanques de pensamiento, intelectuales y organizaciones no gubernamentales que hacen vida laboral en Venezuela cobran dólares porque basan la estrategia política de sus alfiles en este concepto. Y al parecer, les va bien. Ramos Allup pasó de ser una figura anecdótica, populachera y risible situada en el pasado de la historia política de Venezuela a el archienemigo de la Revolución Bolivariana, en unos cuantos días. Las razones? Una “eficacia comunicacional” bien calculada, directa al hígado del espectro emocional del chavismo con declaraciones altisonantes, un video viral del desalojo de banners con la figura de Simón Bolívar y Hugo Chávez, y una burla descarada a las víctimas de la Guarimba, entre otras rocambolescas situaciones que sencillamente necesitaban “desbordarse del itinerario de las modalidades del hacer – ser”.

Y cómo es este hacer – ser? Tiene quince años experimentándolo, querid@ lector. 

El hacer – ser de la Revolución Bolivariana privilegia, en primer lugar al ser humano frente al capital y allí radica su belleza, una hermosura primigenia que aún no termina de bañar con su pureza al constructo público. El respeto a la diversidad frente al paradigma moderno de la individualidad abrió las puertas a la dignificación del crisol cromático de nuestros rostros. Al fin, nos encontrábamos en la iconicidad de un proyecto que tomó el mestizaje como bandera en la misma cama del capitalismo. Conviviendo en un solo suelo, la Revolución Bolivariana juega con las reglas de la democracia frente a las embestidas de un imperialismo que se abastece indolentemente de petróleo en este momento de las tierras baldías en el Oriente Medio, las cuales desoló de la misma manera que diligentemente lo hace acá. Sabotaje interno, guerra psicológica, bloqueo financiero y productivo, control de la burguesía local y sistemas de producción y distribución, aislamiento diplomático son las herramientas preferidas de la “Doctrina Obama” antes de invadir militarmente. Con todo esto como antecedente, aún vivimos en paz en Venezuela. Nuestro hacer – ser entonces, impulsado por los ejes comunicacionales revolucionarios protagoniza los valores de solidaridad, humanidad, alegría, paz en contraposición a los ataques políticos de los representantes imperiales. Es una modalidad, entonces. Un modo de ser colectivo, que se sobrepone al odio de la burgesía y sus acólitos, al desprecio clasista, a la invisibilización y satanización en los medios de la gestión, a la ignorancia (que asusta a veces) sobre la cosa pública espoleada por los clichés, slogans y matrices de opinión dictadas por los tanques de pensamiento. Una modalidad de alegría que esconde la entrega esperanzada de la acción diaria a los objetivos de vida planteados en el Plan de la Patria. Un hacer que es cónsono, por primera vez en la historia política de Venezuela con el ser del pueblo. 

Lo llaman “engagement“, los especialistas en mercadeo de Internet y bien vale el término para describir el verdadero objetivo de las acciones mediáticas de Ramos Allup. O, más sincrónico con mi edad “que hablen bien o mal, pero que hablen” (La Lupe dixit). El efecto comunicacional en el sujeto político (el pueblo de Venezuela) en la trama de información y comunicación fue automático. Un rechazo contundente, una indignación colectiva. Pronunciamientos de grupos sociales, colectivos, Instituciones del Estado Venezolano, individualidades. Ramos Allup había denigrado a los símbolos de lucha de este pueblo, y este pueblo dentro del esquema de hacer – ser Bolivariano se lo iba a hacer pagar (tramas de información y comunicación). Por arte de magia, Allup se convirtió en líder de una derecha sin músculo político real, llena de contradicciones internas, con figuras “quemadas” (sobreexpuestas a la opinión pública) y que encontraba en la reacción indignada del pueblo venezolano una satisfacción íntima, no confesable a viva voz. Allup era el político que pegaba duro al chavismo, en las entrañas, con desprecio. Era el político que cumplía con los sintagmas y los arquetipos de las clases medias y la burguesía; las canas (experiencia), culto (y en esto me voy a detener porque es sumamente carnavalesco. Las citas y las palabras que con tanto placer utiliza Allup, su vocación de diccionario y florituras linguísticas no son más que recursos escénicos para posicionarse en el imaginario colectivo como poseedor de “cultura”. Un estudio breve indica que los términos no son científicos, ni términos habituales de la metodología de estudio universitario. Son términos que se casan con la idea de un diccionario de sinónimos y antónimos, probablemente la consulta preferida del actual Presidente de la Asamblea Nacional). 

Pero, hay más en la exposición mediática de Allup. Y tiene que ver con los ritmos, estrategia y método fundamental para el marketing político. Los ritmos de aparición en medios determinan las frecuencias de aceptación, de familiaridad del sujeto del discurso con el actante. Obviamente, a mayor ritmo de aparición con mensajes diversos pero enlazados en una línea comunicacional concreta, mayor frecuencia de aceptación, de familiaridad, de intimidad. Allup atacó en pocos días con acciones grandilocuentes, en la esfera de lo público y con un verbo calculado para herir. Todos los canales, todos los diarios, todas las radios, todos los blogs y páginas web afines a la ideología revolucionaria contratacaron, aumentando la exposición de la figura de Allup a límites insospechados. La burla al prójimo, la denigración de la otredad edulcoró a Allup en el imaginario popular. Aún, muchos reímos de su imbecilidad pegajosa. A diferencia de Hugo Chávez, que encontró en la burla sobre sí mismo el corazón del pueblo, al desmitificarse todos los días y encontrar en su simpleza el afecto y el amor del ser Ramos Allup basa su aceptación en la destrucción del adversario. Una destrucción que esconde la peor de las diferencias, la intolerancia. Seguimos riendo de las payasadas, seguimos esperando su discurso para entretenernos, seguimos dándole cobertura en medios, contribuyendo consciente o inconscientemente a protagonizarlo como actante político. Será que el adecaje que llevamos dentro, colegas de la comunicación revolucionaria hay que darle cariño de vez en cuando. De otra manera, no hay explicación posible para la presencia de Allup en el centimetraje. Y no es porque represente peligro alguno en una medición hipotética contra Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela. Es porque encarna el hombre de centro, el mediador entre dos polos furibundos para la media internacional y también, encarna la máscara con la cual se instalará el exterminio físico del chavismo. Sigamos riendo, entonces, mientras bailamos aquella danza que vaticinó Poe. La máscara siempre será roja.

 

 

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2 comentarios leave one →
  1. Valentina Q permalink
    26/01/2016 12:11 pm

    Este pájaro loco de Ramos Allup tiene que apurarse de 6 meses le quedan 5 y además tiene que competir con Mendoza que también quiere llegar. JJJJJA. A quién apoya la canalla mediática?

  2. jessica meza permalink
    24/01/2016 10:41 am

    Gracias respetado y admirado camarada por ti artículo como siempre de altura bendiciones totales para ti venceremos

    Enviado desde mi DROID 4G LTE de Verizon Wireless

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